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¿Cuándo una persona pasa de estar triste a estar deprimida?

Todas las emociones que podemos sentir: tristeza, alegría, miedo, ansiedad, enfado, interés, etc., tienen una determinada función y tienen su lugar en nuestra vida. La diferencia está la intensidad y la frecuencia con la que pueden aparecer.

La tristeza es una emoción perfectamente normal cuando atravesamos un proceso de duelo, por un ser querido, por una relación, por algún proyecto fallido… Nuestra mente y nuestro cuerpo necesitan expresarla para procesar lo que ha ocurrido, además de enviar un mensaje a los demás (por ejemplo, si estoy triste, los demás lo pueden entender como una necesidad de mostrar su apoyo, o de dejarnos solos un tiempo, etc.).

La depresión se diferencia de la tristeza normal cuando dura más de lo esperado (mínimo 2 semanas), cuando el malestar afecta negativamente a nuestra vida (en el trabajo, en nuestra relación, etc.) y además, aparecen otras molestias que antes no estaban, como el insomnio, pensamientos negativos sobre uno mismo (“no valgo nada” o “soy el culpable de todo”) o sobre el mundo, se pierde el interés en lo que nos gusta, nos sentimos sin energía o cansados casi todo el tiempo, nos encontramos agitados o apagados, e incluso podrían aparecer pensamientos suicidas.

Cada persona la vivirá de una manera distinta.

¿Es posible que algunas personas no sepan que están deprimidas?

Sí es posible. En nuestra sociedad no se acepta del todo la tristeza; existe un rechazo más o menos encubierto a que alguien se sienta abatido, sin ganas de nada, con insomnio, irritable y lleno de pensamientos pesimistas y negativos, o incluso con algún dolor en el cuerpo de origen psicológico, etc. Se valora la extraversión, la risa, que alguien dé la impresión de estar “lleno de vida”… lo que se ve constantemente en las redes sociales.

Para evitar el posible rechazo (que lo tachen de «negativo», «pesimista» o algo parecido) es posible que uno tienda a ocultar o a disimular su tristeza, su falta de ganas o su pesimismo a los demás, a veces automáticamente, sin ser del todo consciente de estar haciéndolo, quizá con la esperanza de que si uno no le hace caso podrá salir de ese estado sin más.

Es decir, a veces no solo podemos querer ocultarlo a los demás, sino a nosotros mismos.

Por supuesto esto depende también de la intensidad de la depresión. Hay personas con síntomas más leves y otras que literalmente no pueden levantarse por las mañanas y se sienten totalmente desesperanzadas.

Pero el contexto en el que vivimos es importante. No vivimos en una cultura que favorezca y nos enseñe a reconocer nuestras emociones, sobre todo las que se consideran “negativas”, a conectar con ellas, a aceptarlas como parte de la vida,  a procesarlas y a integrarlas, por lo que normalmente queremos evitar las desagradables y “seguir con nuestra vida” como sea.

Nadie nos ha enseñado a hacerlo.

¿Qué se puede hacer cuando uno está deprimido?

El primer paso siempre es reconocerlo y pedir ayuda a un profesional. Esto puede ser difícil, y a veces solo lo hacemos cuando ya no vemos otra salida.

Pedir ayuda no es un signo de debilidad; todos necesitamos ayuda en algo, nadie es totalmente independiente de manera que no necesite a nadie nunca. Pedir ayuda en el momento adecuado a la persona adecuada puede ser un gesto de humildad, de honestidad con uno mismo y de valentía.

Algo que hay que tener muy claro es que deprimirse es algo que le puede pasar a cualquiera en algún momento de su vida. Nadie está libre, aunque crea que sí.

Y sufrir una depresión no implica necesariamente que vayamos a sentirnos así de por vida. Puede ser un momento para la reflexión profunda sobre mi propia vida, para analizar qué está ocurriendo, tanto en mi mente como en mi cuerpo (una postura corporal “caída”, bajo tono muscular, etc.), quizá comprender las causas en el pasado, de las que no me he dado cuenta hasta ahora; puede ser un momento para encontrar sentido a mi vida, para darme cuenta de mis recursos internos y también externos (mi red social de apoyo, por ejemplo).

Puede no ser fácil, pero sí merece la pena intentarlo, y eso lo puedes valorar y agradecer cuando ves la luz al final del túnel y sales.

¿Por qué se deprime alguien?

Depende de cada persona. Si la depresión es endógena, podría tratarse de un desequilibrio interno en el cerebro (los neurotransmisores), o de una combinación de una propensión genética a la depresión y de las circunstancias de su vida.

En otros casos, es una reacción a las circunstancias de su vida, que a veces pueden detectarse con más facilidad (pérdida de seres queridos, algún tipo de fracaso personal, etc.) o a veces vienen de lejos, de cosas del pasado que ni siquiera recordamos, o de una combinación de circunstancias actuales.

Lo recomendable es obtener una atención profesional y personalizada que se ajuste a cada caso concreto, porque a partir de ahí se puede encontrar una solución adaptada para esa persona en concreto.

Carlos Martínez Perales

Estoy en Barcelona (Nou Barris).

Más información sobre mí en www.carlosmartinezperales.com